Tú, que tuviste el poder sobre mí. Tú, que pudiste hacerme saltar, reír, cantar o llorar. Tú... haciéndome siempre tan frágil y distinta.
Sí, algún día te quise, pero todas las historias acaban. No, nunca te creí, pero siempre me gustó soñar.
Ahora ha pasado el tiempo y yo no soy la niña que antes era. En algún momento rompí con el dolor y seguí mi camino libre de pesadas cargas. Sólo iba yo acompañada de lo que pudo ser.
Hoy abro las alas y echo a volar, porque no hay mejor sentimiento que la libertad.

Escribe un comentario
Los comentarios están cerrados